La disciplina que inventó Joseph Hubertus Pilates a mediados del siglo XX para superar sus problemas físicos de nacimiento -fue un niño flaco y enfermizo que padeció asma, raquitismo y fiebre reumática- experimenta un nuevo renacer, tal y como atestigua el informe anual del American College of Sports Medicine sobre tendencias de fitness que marcarán 2018 (ha entrado de nuevo en el top 10).

Con un poco de yoga, gimnasia sueca y artes marciales por aquí y de ballet clásico por allá, Pilates propone «una forma de entrenar en la que mente y cuerpo están íntimamente ligados. Solo de esta manera se tonifican los músculos más recónditos de la anatomía con ayuda de la respiración»

Fue Ideado para mejorar los movimientos cotidianos para los que está diseñada la musculatura, se trata de un complemento perfecto.

¿Qué se trabaja?

«El core (centro de gravedad del cuerpo). Se consigue tonificar en gran medida una musculatura tan complicada de activar e importante para el organismo femenino como la del transverso (abdomen), los multífidos (espalda) o el suelo pélvico»

¿Cómo se ejercitan los músculos?

Con máquinas o en el suelo. Todo el trabajo parte «del epicentro del cuerpo, desde el que se saca la fuerza y la estabilidad para hacer ejercicios que requieren control postural y flexibilidad». Aunque la base sea la misma, hay una gran diferencia entre ambas modalidades. El Pilates es tan técnico y efectivo que merece la pena la inversión de dinero y tiempo en unas pocas clases con máquinas para interiorizar bien los ejercicios sin adquirir vicios posturales. También se trabaja más intensamente al tener que enfrentarnos a la resistencia que oponen los muelles de los aparatos. Luego podríamos pasar a clases colectivas en suelo.

¿Cómo es una sesión de Pilates?

Comenzamos liberando la tensión a través de la respiración. De esa forma, conectamos los tres ejes básicos de la postura neutra de Pilates: pélvico, escapular y columna vertebral.

La respiración debe estar ubicada en una especie de cilindro imaginario que dibujamos entre el pubis y el esternón. Así, cada vez que soltamos el aire por la boca cerramos las costillas, metemos el ombligo y conectamos con el suelo pélvico, apretando vagina, uretra y ano.

Una vez interiorizada esta técnica en estático, arrancaríamos la serie de ejercicios; al principio se trabaja la movilidad, sin demasiada resistencia, y se va de menos a más, dejando la parte que aumenta flexibilidad para el final».

¿Qué cuerpo se consigue?

Aquí se aclara: «Tonificado y esbelto. Se busca el equilibrio: potenciar tejidos que, al estar tan profundos, apenas se movilizan, y flexibilizar los más acortados por un uso excesivo -sucede cuando se ejercitan mucho sin estirar después, pierden elasticidad-. Es como un sistema de cableado: sueltas lo que está tenso y tensas lo que está demasiado suelto. De esa forma el esqueleto se armoniza y recoloca».

¿Se adelgaza?

Al potenciar la masa muscular sin generar un volumen excesivo se acelera la actividad endocrina. Es decir: «Cuanto más musculadas, más calorías consumiremos, incluso en reposo».


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